Wednesday, November 24, 2010

Moved!!

Finalmente completé la migración de mi blog a mi sitio web personal. A partir de ahora no voy a actualizar más esta instancia de mi blog sino que todos mis comentarios aparecerán en http://samuelsotillo.com.

Thursday, October 7, 2010

Vargas Llosa, Borges y la elusividad del Nobel

Sorprende y alegra la decisión de la Academia Sueca de otorgar el Premio Nobel de Literatura, correspondiente a 2010, al escritor peruano Mario Vargas Llosa. Debo confesar que siempre pensé que Vargas Llosa no tenía ningún chance de recibir un galardón que, por lo general, y de acuerdo a cierta lógica difusa y poco consistente, suele evadir a escritores que, como es el caso del peruano, se inclinan hacia el lado "equivocado" del espectro político.

El ejemplo más elocuente de la implacable aplicación de esta lógica difusa por la Academia nórdica es, por supuesto, Borges. Aunque casi universalmente reconocido como una de las mayores figuras literarias de nuestro continente, Borges nunca recibió el Nobel. Él, quizás con la misma irónica dialéctica que castigara a aquel coronel de un famoso cuento de Gabriel García Marquez (quién, por cierto, sí recibió el premio), se quedó toda su vida esperando a ese elusivo telegrama o llamada telefónica de Estocolmo que, como la pensión del viejo coronel, nunca se materializó.

El mismísimo Gabo escribió una vez sobre una de esas múltiples oportunidades en las que Borges estuvo muy cerca de ser galardonado, pero en la que la fortuna le jugó, no sin que mediara un poco de ayuda de su parte, una amarga trastada.

Según explica el veterano García marquez, "los académicos suecos se ponen de acuerdo en mayo, cuando se empieza a fundir la nieve, y estudian la obra de los pocos finalistas durante el calor del verano. En octubre, todavía tostados por los soles del Sur, emiten su veredicto". En 1976, Borges era uno de los finalistas que había sobrevivido a la primera votación, en mayo, y uno de los candidatos más fuertes para obtener la aprobación final, en octubre. Sin embargo, el ganador final no fue Borges sino el tal vez más aburrido escritor de origen canadiense Saul Bellow. El Gabo explica:
Lo cierto es que, el 22 de septiembre de aquel año -un mes antes de la votación-, Borges había hecho algo que no tenía nada que ver con su literatura magistral: visitó en audiencia solemne al general Augusto Pinochet. «Es un honor inmerecido ser recibido por usted, señor presidente», dijo en su desdichado discurso. «En Argentina, Chile y Uruguay se están salvando la libertad y el orden», prosiguió, sin que nadie se lo preguntara. Y concluyó impasible: «Ello ocurre en un continente anarquisado y socavado por el comunismo». Era fácil pensar que tantas barbaridades sucesivas sólo eran posibles para tomarle el pelo a Pinochet. Pero los suecos no entienden el sentido del humor porteño. Desde entonces, el nombre de Borges había desaparecido de los pronósticos.
Pero aquel era Borges, que siempre fue, con cierto dejo de ironía y provocación, ambiguo en cosas de política. Vargas Llosa, en cambio, es más consistente y claro en sus posturas, así que alegra que se premiara su obra sin importar su política.

Sunday, September 12, 2010

El segundo 11-S y el Holocausto

El Holocausto es uno de esos eventos del Siglo XX que resultan extremadamente difíciles de asimilar y, más aún, entender. Sobre él han escrito muchos estudiosos. Por ejemplo, la escritora y filósofa alemana Hannah Arendt, en su libro Eichmann en Jerusalén, considera el Holocausto como el producto de una sociedad donde el mal ha sido banalizado hasta el extremo de que, por ejemplo, asesinos como Adolf Eichmann, quien fue responsable directo del exterminio de miles de judíos en las cámaras de gas, no cometieron sus crímenes motivados por un instinto diabólico, sino por "pura y simple irreflexión". Para ella, como para todos nosotros aún hoy, la dificultad radica, precisamente, en entender cómo es posible que, en pleno siglo XX, algo tan horrible y monstruoso pudo ocurrir.

Dejando a un lado el breve paréntesis de horror que significó la Primera Guerra Mundial, el Siglo XX se había iniciado con un dejo de optimismo y buen talante. Avances en medicina, transporte, comunicaciones y hasta en entretenimiento (e.g., el cine y la fotografía), parecían augurar un futuro de constante progreso material e indetenible enriquecimiento espiritual. Como epicentro de todo ello, Europa parecía ser el epítome de la civilización, cuna de la democracia y la tolerancia, prueba incuestionable del triunfo de la modernidad. Sin embargo, y a pesar de todo ese optimismo y del aparente imperio del racionalismo iluminista, el Holocausto emerge, sucede, como suerte de afrenta, golpe violento que derrumba el edificio entero de la civilización moderna. Veinte millones de personas son exterminadas con la misma precisión y eficacia con la que las líneas de producción de Ford producen sus famosos modelos T. Y ante ese horror, Occidente no sabe qué hacer, abandonado como estaba ante la visión de un mal que parecía ocultarse en su ser más profundo. ¿Cómo fue posible?, es la pregunta que continúa torturándonos a todos...

Después de la Segunda Guerra Mundial, Zygmunt Bauman, un sociólogo polaco quien, como Arendt, apenas pudo escapar del exterminio Nazi, escribió lo que es, probablemente, el mejor estudio sociológico del Holocausto: Modernity and the Holocaust. Para Bauman, nuestra respuesta al horror del Holocausto suele articularse de dos maneras.

Primero, considerándola algo ajeno a la verdadera naturaleza de nuestra civilización, una singularidad en un continuo histórico donde el progreso material y el crecimiento espiritual parecieran ser las tendencias dominantes. Bajo esta perspectiva, el Holocausto fue un evento con causas internas. Fue el efecto de una condición humana torcida, de una naturaleza malévola, que nada tiene que ver con la naturaleza colectiva de la civilización, con el potencial civilizador y progresista de la modernidad.

La segunda opción de Bauman es ver el Holocausto como un evento privado, algo que le ocurrió a un grupo específico de personas (los judíos), y que es consecuencia de cierto patrón histórico; es decir, de cierto mal hereditario pre-moderno. Algo así piensan quienes ven en el anti-semitismo europeo una suerte de gen transmisor de una patología social que, desde tiempos pre-modernos, ha vivido latente en la sociedad continental, y cuyo brote último y más violento ha sido el genocidio Nazi. Lo esencial es que el mismo no es más que una reacción particular a una cultura (la judía) que, desde el comienzo de la era cristiana, ha sido siempre objeto de persecución y escarnio. Reacción que por mucho tiempo se ha dado sobre malos términos, y que debido a esa mala historia dio como consecuencia el horror que conocemos. En todo caso, un horror contingente, único a las condiciones en que se dio: los judíos en la Alemania antisemita.

Lo importante sobre el estudio de Bauman es que el mismo analiza la manera como ambas estrategias funcionan para lograr un mismo fin: el de evadir la respuesta más obvia. ¿Cuál respuesta? La que nos obliga a aceptar que el problema no es algo ajeno a la esencia de eso que llamamos modernidad, ni es algo particular a un grupo dentro de la cultura occidental, sino algo más profundo y sistemático que afecta a nuestra civilización como un todo. Al buscar chivos expiatorios, lo que queremos realmente es asegurar nuestra paz mental. Como dice Bauman: "The more ‘they’ are to blame, the more the rest of ‘us’ are safe, and the less we have to do to defend that safety" (xii).

Si pensamos en lo que ocurre con la memoria del 11-S de 2001 aquí en los EUA, es difícil no establecer una conexión con las ideas de Bauman sobre el Holocausto. Al igual que con el horror de este último, el horror del 11-S suele también articularse en esos dos modos que describe Bauman. Y como en el caso del genocidio Nazi, los intentos de sanación que vemos operando hoy día tienen el mismo efecto: reprimir nuestras responsabilidades y sentimientos de culpa, rechazar la insoportable idea de que nosotros también somos parte del problema. Si algo explica la intolerancia y la rabia, es la ineludible certeza de que lo ocurrido no es un evento singular y/o fortuito, sino una manifestación de un problema más fundamental y profundo que afecta la totalidad de esa condición que algunos llaman pos-moderna, pero que no es más que una extensión de esa otra que Bauman llama modernidad.

Saturday, September 11, 2010

Apostilla sobre Tocqueville

Para el que prefiera leer el original de la cita que usamos ayer del libro de Tocqueville, hay una versión de la misma en línea, de la que citamos el mismo párrafo:
Si jamais la liberté se perd en Amérique, il faudra s'en prendre à l'omnipotence de la majorité qui aura porté les minorités au désespoir et les aura forcées de faire un appel à la force matérielle. On verra alors l'anarchie, mais elle arrivera comme conséquence du despotisme.
Queda abierta la cuestión del uso del condicional francés (condicional perfecto) en el original y el más contingente may de la versión inglesa.

Friday, September 10, 2010

Los ecos de Tocqueville

Borges dijo alguna vez que la democracia era un abuso de la estadística. Imagino que algo similar preocupaba al historiador francés Alexis de Tocqueville, quien, luego de una corta visita a los EUA en 1831, escribió un libro que algunos consideran una radiografía de la democracia estadounidense de mediados del siglo XIX (el título es De la démocratie en Amérique). En el capítulo 15, donde nos habla sobre los peligros de la tiranía de las mayorías, Tocqueville nos dice:
If ever the free institutions of America are destroyed, that event may be attributed to the omnipotence of the majority, which may at some future time urge the minorities to desperation and oblige them to have recourse to physical force. Anarchy will then be the result, but it will have been brought about by despotism.
Hoy leía un artículo publicado por The Guardian donde se describe el estado de desesperación en que se encuentran algunas familias musulmanas en el pueblito de Murfreesboro, Tennessee. En medio de la disputa por el Centro Musulmán en Nueva York y la amenaza (que sólo cabe calificar como terrorista) de la quema del Corán en Gainesville, Florida, estas familias, que tienen años viviendo pacíficamente en el pueblito sureño, se descubren ahora objeto de la desconfianza e, incluso, del odio de sus vecinos. A eso se añaden unas escuentas que indican que la mayoría de los habitantes de este país tienen una opinión negativa sobre el Islam, lo que explica la reacción de la chusma murfreesboreana. En fin, leyendo esto no pude evitar pensar en Borges y Tocqueville.

Post scriptum: por cierto, muchos años antes que Tocqueville, por 1781-1782, el venezolano Francisco de Miranda también visitó el país de Jefferson y Washington, dejando un informe no tan detallado pero mucho más cándido, en sus conclusiones, que el de Tocqueville (el título en inglés es The New Democracy in America).